martes, 4 de marzo de 2014

EL URUGUAY DE LA MODERNIZACIÓN



EL URUGUAY DE LA MODERNIZACIÓN
Prof. Líber Romero*
En las últimas décadas del siglo XIX Uruguay sufrió una transformación económica que llevo a consolidar el poder Estatal “Entre 1860 y 1868 ocurrió la primera gran transformación en el medio rural, su merinización, la incorporación de la explotación ovina al lado del tradicional vacuno, y, en la década siguiente, sobre todo entre 1876 y 1882, el segundo elemento alterador de la estancia tradicional, el cercamiento de los campos y la aceleración del mestizaje ovino y vacuno, todos hechos que se hallan en el origen de la sustitución del estañero caudillo por el estanciero empresario” (BARRAN,p.15)

La revolución del lanar 1860-1868

El desarrollo de la producción ovina parte de los terratenientes locales fue impulsada por factores externos 1) la demanda de materias primas de la industria textil (Inglesa y francesa), 2) la guerra de secesión norteamericana(1861-1865) había sacado del mercado a un gran exportador de algodón, siendo la lana un sustituto natural. 3) frente al deterioro del precio del tasajo y el cuero vacuno, el valor de la lana era sostenido.
Esto implicó una inversión, que no era demasiada, pero rompía con la producción extensiva a campo abierto, según BARRAN y NAHUM  las consecuencias económico-sociales fueron:
1.    La  producción mixta de bovino y ovinos
2.    La sedentarización de una parte de la mano de obra por la  necesidad de una mayora cantidad de mano de obra para el cuidado del ovino. Esto le va quitar masas a las revoluciones.
3.    La baja inversión y alta rentabilidad permitió la supervivencia del pequeño y mediano productor.
4.    Permitió cierta movilidad social. El emigrante que solo tenía como capital su conocimiento sobre cuidado de la oveja empezó a trabajar con los grandes propietarios que para tenerlo tenía que cederle 1/3 del usufructo de la producción. Con el tiempo se convertía en el dueño de una majada y de su propia tierra.
5.    El estanciero- criollo se transformó en el estanciero-empresario, lo que coincidió con la fundación de la Asociación Rural del Uruguay (ARU)

La Asociación Rural

La disputa por el control del Estado continuaba y durante el gobierno de Lorenzo Batlle se produce la “Revolución de las Lanzas” que tendrá como consecuencias políticas el “Pacto de abril”, que reconocía la coparticipación, y el surgimiento de los partidos políticos con un programa y estatutos propios
El conflicto provocó enormes pérdidas a los estancieros que veían como los ejércitos pasaban por sus campos (hubo 16.000 hombres armados) y se alimentaban de su ganado. Frente a esto la oligarquía comercial y ganadera  se unirá en la ARU  con el fin de lograr el “orden” en la campaña a través de un gobierno fuerte que defendiese la propiedad privada. En su Acta fundacional afirmaba que  "La Asociación rural del Uruguay necesita, para desarrollar su vida, que se disipe el humo de la guerra. Necesita de la paz, porque sin ella no puede haber progreso; porque para mejorar nuestros ganados o fomentar la agricultura por medio de la inmigración laboriosa, es indispensable tener seguridad individual y seguridad  en la propiedad; y la guerra señores, es la negación de propiedad de la campaña"
La primera modernización
Los historiadores hacen acuerdo  en que   la modernización son los cambios que se producen en el país (en el ámbito de sus fuerzas productivas y en sus instituciones políticas) para poder hacer frente a la demanda mundial. "Con el impulso económico de la época, creció la demanda de alimentos y materias primas. Se trataba de producir más y transportar con mayor rapidez innumerables productos para el consumo de los centros industriales, lo que progresivamente llevó a una especialización en los cultivos; la producción latinoamericana creció entonces dentro de los limites de un monocultivo que producía para el mercado internacional lo que diese más beneficio" (BEYHAUT, p. 45)
Los gobiernos de Latorre y Santos impusieron cambios que permitieron insertar  al  Uruguay a las nuevas exigencias de mercado mundial. La oligarquía tenía intereses en que los capitales ingleses llegaran para lo que tenían que ofrecer una tasa de ganancia mayor  a la de otros sitios,  garantizar el pago de los préstamos solicitados (algo que gobiernos inestables no podían hacer) y tener una moneda confiable (el oro en vez del papel moneda)
Durante estos gobiernos se produce mejoras, administrativas y técnicas, en el funcionamiento del Estado. Los avances en el ámbito de las  comunicaciones (ferrocarril, Correo, y telégrafo) van a permitir al gobierno tener un mayor control sobre el territorio.
La ARU redacta el  Código Rural (1875), que asegura la propiedad privada de la tierra y el ganado. Posteriormente en 1879  se incorpora  la medianería forzosa y la prisión por abigeo. Con esto se fija la propiedad privada, se produce la ruina de aquellos productores que no podía pagar el alambre con lo que aumenta el latifundio y al necesitarse menos mano de obra por el cercado se produce un éxodo a las ciudades ( se forman cinturones de pobre “los pueblos de ratas”) .
Hay un proceso de secularización con el Código Civil al asumir el Estado tareas que cumplía la iglesia (nacimientos, defunciones, matrimonios, reconocimientos, etc.). En 1877 se aprueba la Ley de Educación común, estableciendo la obligatoriedad, gratuidad y laicidad de la educación (recién se podrá en práctica en 1909). En 1878 se fundó la Escuela de Artes y Oficios (un reformatorio para jóvenes de 12 a 17 años de edad en donde funcionaban cursos de yeso, mármol, joyería, relojería, platería, mecánica, carpintería, zapatería, herrería, armería).
Las clases dominantes mejoraban, con contradicciones  internas, el funcionamiento de los aparatos ideológicos y  represivos del Estado. Se necesitaba para seguir cohesionando en torno a la nación de  un mito fundacional y de héroe patrio que estuviera por encima de los partidos políticos. La tarea de la historiografía de fin de siglo se va a centrar en combatir la leyenda negra de Artigas y presentarlo como constructor de la nacionalidad.
*Profesor de historiología en formación docente
Bibliografía citada
BEYHAUT C y H "América latina de la independencia a la segunda guerra mundial", México, Siglo XXI, 1992
BARRAN, J.-NAHUM, B."Historia rural del Uruguay", Montevideo, EBO.1967-1978
BARRAN, José Pedro. Historia de la sensibilidad en el Uruguay, Montevideo, EBO, 1989
Publicado en El Popular. Semanario, Uruguay,  28 de febrero de 2014, N 257, 3ra época

EL URUGUAY COMERCIAL. PASTORIL Y CAUDILLESCO



EL URUGUAY COMERCIAL. PASTORIL Y CAUDILLESCO
Prof. Líber Romero*

La instauración de un relato historiográfico que sirviera a los intereses de las clases dominantes  tuvo su correlato en nuestro país. La creación de una tradición, de un pasado común y de un héroe patrio (militar y político) es un producto de finales del siglo XIX.  Las características de su conformación como país independiente  llevaron a que el proceso de control del Estado sobre  todo el territorio, a través de los mecanismos de coerción y consenso, fuera un largo proceso en Uruguay.

El Estado uruguayo (1830-1870)

En 1830 Uruguay tenía una baja densidad demográfica, se calcula que la población era cercana a 74.000 habitantes (14.000 en Montevideo y el resto en el interior), con un promedio de un  habitante cada 2.5 Km. Las fronteras estaban mal definidas y existía una zona de litigio con el imperio brasileño (que terminará de definirse con los tratados del 51).
La formación económico-social uruguaya se caracterizaba por ser comercial, pastoril y caudillesco. Monoproductor y dependiente del mercado inglés (cuero) o del brasileño (tasajo), tenía una balanza comercial desfavorable producto de un consumo suntuoso de los sectores dominantes.
El armado constitucional fue pensado para mantener el poder entre los sectores poseedores, asumiendo una homogeneidad que no existía. El Estado será débil (tanto como aparato de dominio como de administración) porque no puede ejercer el control- y menos aún el consenso- sobre el conjunto del territorio. De principios liberal-censatario su estructura político-jurídica sufrió la división del país en dos bandos enfrentados, y que  sumado al poder de los caudillos que tenían su propias huestes armadas generaron una constante inestabilidad.
Si consideramos las 17 cabezas del Poder Ejecutivo desde 1830 a 1876-incluyendo en ella y como una sola al Triunvirato inconstitucional que gobernó desde fines de 1853 hasta los primero días de 1854- la duración promedio de los titulares apenas alcanza a 2 años y 8 meses. De estas 17 cabezas, el cien por ciento soportó levantamientos armados y el 35% fue derribada por motines montevideanos o revueltas rurales(...)" (BARRAN, p. 40)
Desde el punto de vista financiero el Estado estaba en constante déficit y la manera de paliar el mismo eran a través de la enajenación de la tierra pública o de la contratación de empréstitos (acreedores extranjeros que reciben el apoyo de sus gobiernos o grandes comerciantes y terrateniente monopolizadores del oro).

La lucha por la tierra

La lucha por la tierra estuvo en la conformación de nuestros “partidos” tradicionales, en tanto que el dominio de la administración estatal permitía repartir o consolidar la propiedad. Es a través de los caudillos que se consigue tierra o se defiende la que se tiene, son ellos lo que canalizan la violencia a través de sus insubordinaciones al orden establecido. Así los partidos, caudillos y  fuerzas civiles impidieron la cristalización de la oligarquía colonial, tal vez no cambiaron la esencia de la estructura de la tierra pero si la titularidad del grupo poseedor (entre 1830-1870 se termina con la reacción al orden artiguista.). La existencia de distintos  títulos de propiedad  o la disputa sobre la tierra pública llevaron a los poseedores a vinculares con los caudillos.
 “A medida que las guerras se hicieron más frecuentes, era fundamental la inserción en la “hueste” del caudillo local, departamental y finalmente nacional. En las épocas de guerras civiles, cuando se multiplicaban las partidas sueltas que hacían la “guerra a las vacas” por su cuenta, contaba mucho la posesión de un casco de estancia así como de hombres que pudieran  resistir y defenderse de los ataques”. (SALA- ALONSO).

La formación social
Las diferencia extremas raciales y  de clase  que hubo no fueron tan extremas como en otras regiones de América. Hay que recordar que la eliminación de los indigena era un por intento de ordenar el campo y evitar así las pérdidas de ganado.
La clase dominante esta formada por “una oligarquía mercantil–agraria” (““doctores” y “caudillos”, estos últimos dueños del efectivo poder durante la etapa”) Este sector se vinculaba entre sí por lazos familiares, generando un grupo reducido. Ideológicamente los intelectuales son liberales. y cosmopolitas lo que no implica  que sean democráticos.
La mayoría de la población era “ un abigarrado conglomerado de clases y etnias dominadas.”En el campo, vivía una población mestiza, mulata y negra, junto a los blancos que solo parcialmente  sometida al peonazgo. Existían “ los “hombres sueltos” no sometidos y el bandidismo rural que la debilidad estatal y las guerras incrementarían una y otra vez.” (SALA –ALONSO)

Las divisiones internas
La tendencia a internacionalizar los conflictos demuestra la inexistencia de una idea de una patria o nación vincula al territorio. El más importante de ellos fue la Guerra Grande  en donde se definirá los límites territoriales  al tiempo que demostrará la dependencia de los países vecinos. Al decir de Pivel Devoto "ningún gobernante uruguayo de estos años llegó a pensar en términos exclusivamente orientales; de allí la "internacionalización" de los partidos y el hecho de que el partido precediera a la Nación. En 1836, en la batalla de carpintería, hubo "colorado" y "blancos", pero todavía no uruguayos”. Hay que tener cuidado al usar el concepto de partido en el siglo XIX, son a lo máximo facciones, banderías,” agrupaciones políticas, informes y teñidas de personalismo” ( BARRAN). En los enfrentamiento del siglo XIX cada uno ira construyendo su propia historia con hitos y héroes (la masacre de Quinteros o la defensa de Paysandú), fomentando la división. (los intentos de superarla fracasaron por los intereses que estaban en juego)
Las luchas intestinas generan el agotamiento de los campos, las divisiones familiares e inestabilidad política. La inserción en el mercado mundial modifica las fuerzas productivas en función de la demanda externa(crecimiento hacia afuera). El aumento de la inversión hace que sectores de la clase dominantes busque “estabilizar “ el orden y el progreso” del país. La modernización de fines del siglo XIX responde a esta demanda y en ella se inscribe la aparición de la historiografía uruguaya.  
*Profesor de historiología en formacción docente
Bibliografía citada.
BARRAN, José Pedro. Historia de la sensibilidad en el Uruguay , Montevideo, EBO, 1989
PIVEL DEVOTO, Juan- RANIERI, Alicia, Historia de la republica oriental del Uruguat, Montevideo, Medina, 1956
SALA, Lucia- ALONSO, Rosa. El Uruguay comercial, pastoril y caudillesco, Montevideo, EBO, 1991

Publicado en El Popular. Semanario, Uruguay,  21 de febrero de 2014, N 256, 3ra época

viernes, 14 de febrero de 2014

La escuela metódica francesa



La escuela metódica francesa
Prof. Líber Romero*
La historia-ciencia en Francia surge en el contexto de dos acontecimientos que la marcaran profundamente: la Comuna de París y la guerra franco-prusiana.
La historia como unificadora.
La Comuna de París fue el primer asalto al cielo de los obreros organizados; esto provocó el temor de las clases dominantes francesas que no dudaron en asociarse a sus pares alemanas para ahogar con sangre la osadía de pensar en crear un mundo distinto. Este pacto facilitó la derrota frente a su vecino del este, lo que minaba la imagen burguesa de una nación de intereses e inspiración imperialista.
La ampliación de las capacidades operativas del Estado, unida a la extensión del voto en amplias capas de la sociedad (masculina), ponía en el tapete la necesidad de absorber ideológicamente a las masas de trabajadores-que había demostrado su grado de combatividad- en torno al Estado liberal. La construcción de un Estado-nación unido por una bandera, un himno, un gobierno necesitaba de la creación de tradiciones nacionalistas que se difunden a través de una educación que se vuelve pública y laica.
En base a estos presupuestos se genera un relato que busca en el pasado un origen étnico-racial (los galos), unificando a los individuos por encima  de sus diferencias de clase. La exacerbación del nacionalismo se inculca desde la escuela “(...) para los franceses, el invasor ha venido siempre del Este; desde Federico II, la tradición anti-prusiana se nutre de una historia que muestra a los dos pueblos en conflicto. Desde Alfred de Musset a Hansi, la imaginería, popular ha sustituido al inglés por el alemán como enemigo nacional. La guerra de 1870 y la cesión de Alsacia-Lorena, las incitaciones de Maurice Barres a la revancha y los toques de clarín de Dérouléde, recuerdan todos los días a los franceses que «han perdido dos hijos» y que no puede haber jamás perdón para los raptores. Los escolares lo saben, puesto que desde la más tierna edad han visto en su primer libro de historia lanzarse al águila prusiana sobre el gallo galo y arrancarle sus mejores plumas, mientras que el pueblo de París, hambriento por el bloqueo, el bombardeo y la guerra, esperaba su racionamiento en las calles heladas y, en su miseria, se veía reducido a comer ratas. Estas imágenes, grabadas desde entonces en la conciencia de los franceses, alimentan su patriotismo y les enseñan que, desde Bouvines a Sedán, la derrota o la muerte vienen siempre del prusiano.” (FERRO, p. 35)
La revista histórica
Los historiadores franceses admiraban el método histórico de los alemanes y lo ajustan a sus necesidades. Se genera una profesionalización de la disciplina y un relato histórico nacionalista y laico.
En 1876 se funda la Revue historique integrada por profesionales (Renan, Taine, Fustel de Coulanges, Monod. Lavisse, Rambaud, Gustave Bloch entre otros), con un contenido que estaba dirigido a las universidades. En el plano de la historia se enfrentaba a la visión  aristocrática y católica pese a su composición heterogénea desde el punto de vista religioso (la mayoría son protestantes y masones).
Características
El período histórico que investigan está comprendido entre  la muerte de Teodosio (305) hasta la caída de Napoleón (1815). Francia es eterna (la madre patria)  y se argumenta que  desde los galos (con Clodoveo) en adelante existe una colectividad. Cada soberano incide de manera decisiva, pero entre ellos se realiza una línea divisoria que separa a los buenos gobernantes que reforzaron la autoridad del Estado y unificaron provincias (Luis XI o Richelieu) de los malos que lanzaron guerras ruinosas y dejaron perder provincias o colonias (Luis XII o Luis XV); los hechos militares y diplomáticos son centrales.
La revista se considera neutra e imparcial, cerrada a las teorías políticas y filosóficas. Sin embargo los manuales alaban el régimen republicano, alimentan la propaganda nacionalista y aprueban la conquista colonial. Las revoluciones son consideradas buenas o malas según el caso, así la revolución francesa que es resaltada es la de 1789 frente a la del 93 que ingresa en el mismo bolsón que la Comuna de 1871. En los libros escolares se podía leer que “para ser hombre, hay que saber escribir y aprender a trabajar desde pequeño. Por la patria, el niño se debe instruir. Y en la escuela aprender a trabajar. Ha sonado la hora, marchemos al paso, niños, seamos soldados”.
El manual
Producto de esta escuela es un manual de metodología de los estudios históricos que será material  de cabecera de varias generaciones de historiadores (especialmente en América latina).  Observar cuales fueron los elementos que resaltaban  Langlois- Seignobos nos permiten comprender la pervivencia de una forma de hacer y dar clases de historia.
El libro es un conjunto de  recetas de prácticas comunes, no hay reflexión sobre la naturaleza de la historia o de la ciencia histórica. El único documento válido es el escrito, antes no hay historia (la prehistoria). Para ellos la construcción histórica era la organización de datos de un discurso, cuyo fundamento lógico es la analogía con nuestra civilización actual (con los problemas de anacronismo que supone esto).
Estas críticas no pueden dejar de resaltar que el manual sirvió para sintetizar un conjunto de métodos que permitieron el desarrollo de la disciplina.
A modo de conclusión
El historicismo alemán  y la escuela francesa harán una “(…)historia centrada en el relato de los acontecimientos políticos y militares, con especial énfasis en las relaciones internacionales entre Estados, que formuló métodos individualizadores-hermenéuticos como específicos de esa disciplina y que opuso resistencia a los supuestos generalizadores y abstractos de las ciencias sociales así como a la intromisión de cualquier dimensión social o económica para la comprensión de los hechos históricos. Una historia, en definitiva, política, al servicio de los poderes legitimados, que rechazaba la teoría y que tenía a la narrativa como hilo conductor.
Con esos supuestos tan limitados, parece comprensible que se produjera una reacción en favor de una nueva historia. O dicho de otra forma, que en una Europa donde la penetración del capitalismo y la industrialización había producido fuertes dislocaciones sociales, tuviera lugar un debate internacional sobre la naturaleza del conocimiento histórico en el que participaran filósofos, sociólogos e historiadores. Y lo que resultó de ello fue, simplificando el asunto, un interés acusado por las llamadas cuestiones sociales. “(CASANOVA, p.45)
Esta nueva historia- jalonada por la presencia del marxismo- será el eje central de los artículos de esta sección para este  año.
*Profesor  de historiología en formación docente.
Bibliografía citada
FERRO, Marc (1994), La gran guerra, Madrid, Alianza
LANGLOIS-SEIGNOBOS (1972), Introducción a los estudios históricos, Buenos Aires, La pléyade
CASANOVA, Julián, (2003), La historia social y los historiadores, Barcelona, Crítica
Publicado en El Popular. Semanario, Uruguay,  14 de febrero de 2014, N 255, 3ra época